Esta semana una amiga compartió esta frase…
“Las
preocupaciones de las chicas –su apariencia, la moda, su vida social- no
cambian mucho de generación en generación. Pero en cada generación, solo unas
pocas de ellas, toman decisiones diferentes.” –
Elizabeth
Elliot
Esta frase me puso a pensar en mi vida y en las decisiones que he tomado en
cada etapa. Ahora soy una mujer casada, pero cuando era soltera, en muchas
ocasiones me preocupé por todas estas cosas.
Yo creía que conforme pasara el tiempo, estas cosas ya no me importarían
tanto; al cabo que como mujer casada, tengo el amor incondicional de mi esposo,
el cariño y afecto de mis hijas, y pensé que mi instinto sería el preocuparme
por cosas de una mujer casada y con hijos. Y ¡oh dura realidad! ¡No sucedió
así! ¡Estoy por cumplir 10 años de casada, y me sigo preocupando por eso!
Es increíble, que las mismas preocupaciones afectan a las mujeres de generación
en generación; como si fuera una tendencia, o una debilidad. No me
malinterpretes, creo que debemos lucir lo mejor posible, cuidar nuestro cuerpo,
y tener amistades; ese no es el problema. El problema es cuando se convierte en
una preocupación, cuando nuestro estado de ánimo depende del éxito de esas
áreas, cuando vivimos nuestras vidas creyendo que nuestra identidad depende de
nuestra apariencia, de qué tan bien lucimos o de quiénes son nuestros amigos.
Cada vez que lucho con esto, corro a Jesucristo. ¡Él es mi ancla! Él es el
mismo ayer, hoy y siempre. Él me regala la eternidad a su lado. Las modas,
apariencias y vida social cambia, pero Él nunca cambia. Y Él me dice a mí, y a
todas las que nos identificamos con estas preocupaciones:
Jesucristo me enseña a enfocarme en las cosas eternas, a cambiar mi
preocupación por el ocuparme de lo que permanecerá por siempre. Mi búsqueda por
satisfacer estas cosas la cambio por una búsqueda por conocerlo Él… ya que solo
Él puede satisfacer lo que la moda, las apariencias y la vida social jamás
podrán hacer.
Te invito a que te unas a ser de esas pocas chicas que tomamos decisiones
diferentes a la mayoría de nuestra generación, te aseguro que tu recompensa es
grande y es para la eternidad.
Por Lucia Cruz de Valdez















